Agradecemos a Alfonso Cánovas que nos las haya compartido.
domingo 15 de enero de 2012
Fotografías I Congreso Nueva Evangelización en Manresa
Publicamos algunas fotografías del I Congreso de Nueva Evangelización, celebrado en Manresa los días 7 y 8 de Enero.
Agradecemos a Alfonso Cánovas que nos las haya compartido.
Agradecemos a Alfonso Cánovas que nos las haya compartido.
jueves 12 de enero de 2012
La puesta en funcionamiento de la nueva evangelización a partir de varias experiencias
Y finalmente publicamos la tercera conferencia de Monseñor Rey en el I Congreso de Nueva Evangelización.
1. Catequesis y formación
La formación forma parte de la misión.”Existe una unidad profunda entre el acto con el que se cree y los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento.” (Benedicto XVI Motu proprio Porta fidei n° 10). Si Dios se ha hecho logos, es decir sabiduría y razón, nuestra fe en Cristo debe ser transracional. Esta pastoral de la inteligencia debe ofrecer diversas puertas de acceso y varias etapas, en función del “público” señalado: los principiantes, los que comienzan de nuevo, los catecúmenos, los cristianos comprometidos…
Las proposiciones de formación deben apuntar, no solamente a la adquisición de conocimientos, sino que también deben permitir entrar en una experiencia espiritual, teologal y eclesial, para poder apropiarse del discernimiento de la Iglesia y saber “dar razón de nuestra esperanza” (2 P 3,15)
La nueva evangelización solicita asimismo la formación específica de los responsables pastorales, para tomar en cuenta los nuevos modos de evangelización, la acogida de nuevos carismas. El aprendizaje de de los métodos y los procedimientos misioneros que ya han dado buena prueba… debe permitir la disposición de una “caja de herramientas”, cuyo uso no deberá será jamás ni mecánico ni “sistémico”. La formación de los responsables pastorales debe obedecer a la regla de las 5 “C”. Formar hombres y mujeres
- De convicción, es decir de fe, y que mantienen una relación personal con Cristo y con la Iglesia.
- De coherencia, cuya vida es un testimonio de pertenencia a Cristo y a la Iglesia.
- De conocimiento, capaces de dar razón de la esperanza del Evangelio, y que han adquirido la inteligencia de la fe.
- De comunión, es decir insertados en una comunidad creyente y que confiesa la fe.
- De comunicación, que tienen la inquietud de transmitir alrededor de ellos la alegría de creer.
Dado que el sacerdote preside el cuerpo eclesial en el nombre de Cristo y recuerda la fuente trinitaria de la vida cristiana, será el primer actor de la evangelización. El ministerio de santificación, de comunión y de enseñanza del párroco reclama hoy día una cualificación particular (recibida desde el seminario), para conducir al despertar misionero de las comunidades y garantizar su inscripción en el crecimiento del conjunto del cuerpo eclesial de la Iglesia diocesana y universal.
2. Eclesiología de comunión
“La comunión genera comunión, y esencialmente se configura como comunión misionera… La comunión y la misión están profundamente unidas entre sí, se compenetran y se implican mutuamente, hasta tal punto que la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión: la comunión es misionera y la misión es para la comunión.” (Christifideles Laici n° 32).
La tensión misionera no es una dispersión por la cual la comunidad arriesga su disolución o su extenuación en un aumento de activismo. Debe hacer entrar en la comunión trinitaria y fraterna. Como cristianos, estamos llamados a creer, y también a pertenecer a un cuerpo. “Sois la familia de Dios” (Ef 2, 19). La participación a la comunidad cristiana puede, en ciertos casos, ser también factor de integración social.
La comunidad se pone en misión cuando está al servicio del crecimiento espiritual y humano de aquellos que son receptivos al Evangelio de salvación. La comunidad recibe su fecundidad sacramental de Cristo resucitado y la despliega en la vida de cada uno de sus miembros. Este crecimiento misionero de la comunidad se muestra igualmente en su estructura interna, en su cohesión orgánica que ofrece a cada fiel el sustento necesario, en la importancia dada a la oración, a las obras de caridad, en la presencia en medio del mundo, y de los pobres.
En la perspectiva de una eclesiología de comunión, el dinamismo misionero conduce a la integración gradual de la persona interpelada por la proposición de la fe, en el seno de una comunidad que confiesa la fe y que es fraterna. La acogida, la escucha, la gratuidad de la hospitalidad, el testimonio de la caridad son primordiales. “Es la manera con que he sido acogido, lo que me ha dado el deseo de venir”, confiaba un catecúmeno que había descubierto la Iglesia participando a unos encuentros durante una comida parroquial.
La comunión se construye a partir de la “cabeza”, en el seno del equipo sacerdotal reunido alrededor del párroco o del moderador. Configurados al sacerdocio de Cristo para ser servidores del sacerdocio bautismal de los cristianos, los sacerdotes son responsables de la vitalidad del espíritu de la comunión misionera de la parroquia. Pastores dabo bobis (n° 18) evocaba “un nuevo estilo de vida pastoral” para los sacerdotes. Ellos tienen por vocación de vivir entre ellos la comunión que por responsabilidad deben hacer compartir a todos, de desplegar una vida espiritual arraigada en su apostolado y en la Palabra de Dios orada, compartida y celebrada fraternalmente. Es a partir de todo ello que la visión pastoral puede construirse y que el compromiso misionero de la comunidad puede desarrollarse. Se trata de entrar en una nueva dinámica espiritual y misionera que pueda constituir un cambio radical en relación a las prácticas del pasado.
Una vez establecida la comunión de los pastores alrededor de una visión común, será necesario suscitar una pequeña comunidad reunida alrededor del párroco, compuesta de sacerdotes, consagrados y laicos. Esta comunidad estará llamada a compartir la visión misionera y a apropiársela. Este “núcleo duro” constituye, alrededor del párroco y de los sacerdotes, una “fraternidad parroquial” de oración, de vida espiritual y pastoral a fin de de llevar a cabo juntos la animación misionera, y asumir realmente la carga misionera. De entre ellos se podrán elegir los miembros del Consejo parroquial, primera instancia de comunión en la parroquia.
La “fraternidad parroquial” tiene por meta el testimoniar de manera permanente la posibilidad de una vida de comunión dirigida hacia la misión. Debe promover el proceso de crecimiento a partir de la visión misionera inicial, compartida por todos los actores de la misión.
La fraternidad puede reunirse de manera regular, alrededor del equipo sacerdotal, alrededor de la Palabra, para la formación, para rezar juntos.
El objetivo es de definir y de hacer compartir un proyecto misionero global e integrante de las diferentes dimensiones de la misión, y este coloca a los bautizados en un proceso de proposición de la fe. Este proyecto realizará el inventario de los medios espirituales, comunitarios, pastorales y de formación que dispone la parroquia y que puede movilizar, en relación estrecha con los aportes exteriores.
En función de los lazos de pertenencia a la comunidad parroquial, podemos definir siete círculos inclusivos de compromiso:
-1: equipo sacerdotal ]
-2: consejo pastoral ] fraternidad parroquial
-3: parroquianos comprometidos ]
-4: parroquianos “ordinarios” (practicantes regulares)
-5: parroquianos ocasionales (practicantes irregulares)
-6: parroquianos excepcionales (petición sacramental excepcional: matrimonio, bautismo, entierro)
-7: sin contacto con la Iglesia
El proyecto misionero debe integrar una “estrategia” específica para cada circulo, promocionando el proceso de inserción del circulo mas exterior hacia el más próximo del núcleo (la fraternidad parroquial). El proceso de integración hará pasar al cristiano del estatuto de “consumidor” al de “actor”, que toma a su cargo la vitalidad de la comunidad y la considera como un bien propio, como su casa.
La comunión fraterna necesita ser profundizada sin cesar (iniciación a “lo eclesial”), ampliada a los recién llegados, renovada por acontecimientos o proyectos movilizadores e “instituidores” de una auténtica fraternidad. En efecto, la comunidad existe y se desarrolla gracias al compromiso de sus miembros.
1. Impulsión kerigmática.
“Pues todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.Pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados? “(Rm 10, 13-15a)
Para Pablo, la fe nace del kerigma (llamado también Evangelio) que es el germen que preceda a la didaché y prepara la catequesis. El kerigma constituye la reja del arado que hiende la tierra y la revuelve. El kerigma tiene un carácter de aserción, de atestación. Es un testimonio de vida (“Es una vida convertida la que convierte”) y de una proclamación.
La nueva evangelización debe reposicionar el kerigma a la vanguardia de la pastoral ordinaria para suscitar un nuevo impulso de fe y abrir los corazones de nuestros contemporáneos. El contexto de indiferencia y de incultura religiosa, y al mismo tiempo de pluralismo, hace urgente la necesidad de un primer anuncio de la fe. Este parte de la problemática propia de la secularización (pérdida de sentido y de referencias). El primer anuncio debe encontrar su lugar, no solamente en el recorrido catecumenal y dentro de la confesión de fe en la liturgia, sino igualmente en todos los momentos fuertes de la vida cristiana. Se trata de reelegir la pertenencia a Cristo y a la Iglesia, mientras que muchas personas “sacramentalizadas” están poco o nada evangelizadas.
El efecto de puesta en marcha del anuncio kerigmático debe iniciarse a partir de una verdadera toma a cargo de la persona contactada. La comunidad cristiana podrá proponer un recorrido de iniciación, de pre o de post catequesis, un acompañamiento personalizado, con la perspectiva de llegar a una verdadera integración en el seno de la vida parroquial.
El anuncio kerigmático puede mostrar diferentes expresiones: puede ser formateado por ciertos métodos (puerta a puerta), y por ciertos grupos especializados (evangelización de la calle). Puede desarrollarse con ocasión de la misión popular. A menudo, las personas vienen a Cristo a partir de sus problemas. Experimentan una necesidad de sentido, de relación, de seguridad, de reconciliación, de interioridad… El amor de Cristo hace pasar sus necesidades de salud, de liberación, o de reconocimiento a una búsqueda de salvación y de verdad. La función del kerigma es de asegurar estos desplazamientos.
La enunciación del kerigma, que se apoya en el testimonio de vida, es la proclamación de la Palabra de Dios. El contenido de esta predicación debe hacerse no tanto a partir de lo que nosotros queremos decir, sino a partir de lo que las personas necesitan escuchar. Debe apuntar a la simplicidad, la claridad, constar de ilustraciones, conducir a aplicaciones prácticas, y volver a colocar al oyente y su libertad frente a la llamada de Cristo. Esta no busca tanto el aumento de conocimientos (el kerigma no es una enseñanza), sino que apoyándose en la Palabra de Dios, busca el cambio de vida.
El desarrollo de estas misiones supone el hacer una elección onerosa de antemano, para poder darse los medios humanos y económicos de emprender estas acciones. La Iglesia local debe entonces poder contar con el aporte de recursos exteriores (comunidades nuevas) para pasar de la pastoral de “la campana” a la pastoral del “timbre”.
Es necesario recordar que cada miembro de la comunidad cristiana necesita regularmente reescuchar por su propia cuenta el kerigma, para actualizar y reavivar la gracia de la fe recibida en el bautismo.
2. Proceso misionero
El Evangelio atesta una metodología misionera, y no solamente de un principio de anuncio de la fe (cf Mt 10 et Lc 10 que enuncian las consignas precisas de Jesús). La misión no puede reducirse a un acontecimiento aislado (“un golpe”). La misión se inscribe en un proceso. En Evangelii Nuntiandi, Pablo VI utiliza a propósito de la evangelización, el concepto de proceso de integración. En sentido filosófico y teológico, la palabra integración se define por “el acto por el cual un ser se realiza en el seno de un proceso”. Retomando nuestra definición, podemos afirmar que la Evangelización es el acto por el cual la Iglesia se realiza.
Así todas las actividades de la Iglesia deben articularse entre ellas, en una comprensión integral y dinámica, para que el que ha sido evangelizado, evangelice a su turno.
En el seno de la parroquia, el proceso misionero debe tener en cuenta varios niveles sucesivos: el anuncio del kerigma, la catequesis y el recorrido de iniciación, la vida litúrgica y sacramental, la diaconía de la Iglesia.
La pastoral del encuentro con Cristo conduce a una pastoral de puesta en camino, personal y comunitaria, organizada por etapas sacramentales y por umbrales de compromiso, desde los más exteriores hacia los más interiores, y al mismo tiempo, de los más insertados en la comunidad en dirección de los que están más cerca del umbral.
En la puesta en obra de este proceso misionero, la gestión celular es estimulante. Por ejemplo, para que la parroquia se vuelva una comunidad de anuncio, de engendramiento a la fe, de integración en la Iglesia, de formación y de envío misionero al corazón del mundo, ella puede organizarse en tantas “comunidades eclesiales de base” (o ecclesiolae, cenáculos, casas del Evangelio…)
“Las « comunidades eclesiales de base » (conocidas también con otros nombres), son un signo de vitalidad de la Iglesia, instrumento de formación y de evangelización. En ellas cada cristiano hace una experiencia comunitaria.” (Redemptoris missio n° 51).
Cada célula o Iglesia-casa (o domestica) privilegia las relaciones de proximidad, de acogida personalizada, de oración, de acompañamiento, de estimulación fraterna por el intercambio espontaneo y la interpelación mutua…
Estos pequeños grupos pueden especializarse: grupos de evangelización para acoger persones en búsqueda, grupos de oración para sostener y profundizar el camino de fe, grupos de formación bíblica o catequética, grupos de servicio con un apostolado particular, grupos de acogida espiritual y de compasión de personas en dificultad… cuanto más crece la comunidad, las proposiciones se diversificaran en mayor medida, desde el punto de vista geográfico, cultural, espiritual, sociológico… dirigiéndose hacia públicos específicos.
Los pequeños grupos o células no son subdivisiones de la comunidad en tanto que microcomunidades, sino que se relacionan orgánicamente con la vida parroquial que es la sola “comunidad” con la plenitud de su dimensión ministerial y sacramental. El párroco debe vigilar a la necesaria articulación de las ecclesiolae entre ellas y a su integración sacramental al conjunto de la vida parroquial. Debe también asegurar la formación de los responsables y de su seguimiento. Cada comunidad eclesial de base debe ser un lugar de integración eclesial y de evolución.
El pastor vigilara a que cada célula se desarrolle acogiendo nuevos miembros y se subdivide progresivamente en tantos nuevos grupos. La invitación a unirse al pequeño grupo implica la apertura y la movilización de cada miembro al “oikos” en su medio de vida (trabajo, vecindad, amigos) y también a una movilización espiritual (intercesión) y material del grupo encargado de acoger y de acompañar cada nuevo llegado.
Este proceso de desmultiplicación de las ecclesiolae debe ir en consonancia a la preocupación del crecimiento personal de los miembros y de su inserción en la vida de la comunidad sacramental.
1. Relecturas y discernimiento
“El proceso de evangelización se transforma en un proceso de discernimiento; el anuncio exige que antes haya un momento de escucha, comprensión e interpretación.” (Lineamenta n° 3).
“La nueva evangelización es una acción sobre todo espiritual, es la capacidad de hacer nuestros, en el presente, el coraje y la fuerza de los primeros cristianos, de los primeros misioneros. Por lo tanto, es una acción que exige un proceso de discernimiento acerca del estado de salud del cristianismo, la verificación de los pasos cumplidos y de las dificultades encontradas.” (Lineamenta n° 5).
Hoy día es necesario adquirir una inteligencia de la misión alrededor de tres niveles:
1) Lectura espiritual de la nueva evangelización, que llama a una conversión del corazón, a un despertar misionero de los bautizados, a un nuevo fervor apostólico de los pastores, a la escucha del Espíritu Santo. El compromiso misionero de la comunidad cristiana es relativo a su salud espiritual.
2) Lectura pastoral de la nueva evangelización. Es la conversión de las practicas, de los modos de funcionamiento y de las inversiones de las comunidades cristianas, de los nuevos estilos de presencia en nuestra sociedad. Se trata de descifrar los nuevos escenarios de la misión. La preocupación misionera de la comunidad no puede reducirse a los convencidos, si no para movilizarlos en dirección de los alejaros de la Iglesia.
3) Lectura teológica y eclesiológica. El dinamismo misionero de la Iglesia no se reduce a un movimiento ad extra. La Iglesia es primeramente misionera por su existencia como comunidad reunida por la fe, la liturgia, la caridad, y que vive del Evangelio. Ofrece entonces la prueba, el signo de la presencia en ella de Jesucristo resucitado. Interpela a aquellos que buscan una esperanza, una comunión, un sentido a la vida; esta era ya la manera misionera descrita por los Hechos de los Apóstoles (2,42)
Liberar el crecimiento y el desarrollo de una comunidad cristiana necesita la puesta a punto de varios criterios. Estos han sido verificados por estudios de sociología religiosa.
- La delegación de responsabilidades. Favorecer el trabajo en equipo. Formar, sostener, motivar y acompañar cada uno de los colaboradores.
- Apoyarse en los carismas. El acceso tecnocrático busca sin descanso “voluntarios” en función de los servicios a desarrollar. El rol de los responsables consiste más bien a desarrollar un acceso personalizado: localizar los dones y confiar los servicios en función de estos.
- Mantener el entusiasmo y la expresión personal de la fe, frente a una tendencia legalista y moralizante.
- Una organización eficaz. El crecimiento de la comunidad es frenado por estructuras inútiles y tecnocráticas; al contrario la ausencia de organización es un factor de desorden y de tensiones.
- El ars celebrandi, que recuerda Benedicto XVI, promueve experiencias edificantes e inspiradas que sostiene la fe.
- La puesta a punto de ecclesiolae. Cuanto más crece una comunidad, más crece el principio de casas, y esto es determinante para su crecimiento a la vez numérica y cualitativa.
- Una evangelización adaptada a las expectativas de nuestros contemporáneos y a las situaciones en las cuales se encuentran las personal situadas en el umbral.
- Mantener la convivialidad en el seno de la comunidad. ¿Cuánto tiempo pasan juntos los cristianos? ¿Se invitan mutuamente? Allí donde falta la caridad, el crecimiento de la comunidad está comprometido.
Gracias por su atención
Condiciones previas a la evangelización. La conversión pastoral que las comunidades cristianas tienen que vivir para poder inscribirse en la nueva evangelización y los criterios para llevarla a buen término.
Segunda de las conferencias de Monseñor Rey en el I Congreso de Nueva Evangelización, en Manresa.
Buenas tardes. Voy a continuar mi reflexión. Esta mañana, os recuerdo, habíamos hablado de la Evangelización en general y después de esta llamada de la Iglesia en este momento a entrar en una Nueva Evangelización. Nueva por el hecho de que la Iglesia se encuentra con una sociedad que está marcada por un cierto número de demandas, de ismos: de individualismo, secularismo, pluralismo, relativismo, etc. y en función de este contexto la Iglesia tiene que estar presente con nuevos enfoques misioneros. Es un cambio muy importante. Esta mañana hablaba de muchos obstáculos que dificultan este camino, son también obstáculos del terreno y también del interior de la Iglesia. Llego ahora a una parte más positiva. Como prolongación de lo que he dicho esta mañana, les hablaré del cambio que tenemos que llevar a cabo, de la conversión pastoral. Los que hacen sky saben que conversión quiere decir cambiar la dirección de las raquetas de sky o de las tablas. Podemos decir que magisterio de la Iglesia, voy a citar algunos textos, habla de una conversión pastoral, no solamente de una adaptación, de algunas formas de corrección, sino de un cambio en la forma de llevar la presencia de la Iglesia, de su Palabra, a nuestra sociedad.
¿En el contexto de la nueva evangelización, cuáles son los principales elementos indispensables que favorecen el crecimiento misionero de la Iglesia? El celo misionero o la buena voluntad no son suficientes para garantizar este crecimiento.
1- El conocimiento del terreno de misión
Ciertas prácticas pastorales fracasan por falta de un estudio serio del “terreno” y de la aprehensión del contexto humano y social. Antes de cualquier otra actividad de evangelización, es necesario observar atentamente la situación pastoral delante de la cual nos encontramos. Esta mirada debe ser realista, una mirada que no se ilusione sobre el estado de las cosas, una mirada de fe, de esperanza y de caridad, que discierne los recursos, los fallos, que descifra las posibilidades y las imposibilidades, las barreras mentales, las fragilidades y las esperanzas, los márgenes de maniobra, los incentivos para la acción, las disponibilidades de las personas. Esta visión abraza las realidades económicas, sociales, políticas, culturales… A veces hay un desfase profundo entre la cultura de la sociedad y el estado espiritual de los cristianos comprometidos, entre las peticiones del mundo y las proposiciones eclesiales.
La acción misionera se inscribe dentro de una historia, una genealogía y una geografía humana. Acercarse a la realidad misionera reclama tiempo, consultas. Debemos legítimamente hacer un inventario a la vez cuantitativo y cualitativo: evolución del nombre de niños en catequesis y de catecúmenos, peticiones de sacramentos o ceremonias litúrgicas (matrimonio, bautismo, exequias), frecuentación de proposiciones de formación, crecimiento o decrecimiento de las asambleas dominicales (integrando los fenómenos de transferencia en relación a la domiciliación y o a las vacaciones). ¿De qué manera, nuestras comunidades acogen, acompañan, animan a los recién llegados y les ofrecen la posibilidad de descubrir la presencia viva de Cristo por el anuncio de la Palabra y los sacramentos?
La visita sistemática de las parroquias y de las comunidades, la consulta de los archivos históricos de la diócesis, el encuentro con los concejales, los testimonios de los ancianos… aportan una iluminación significativa en el camino a seguir.
2- Lugares de misión
La misión es inherente a la vida de la Iglesia. La misión atraviesa todos los aspectos y todas las formas de la vida eclesial. La misión moviliza a todos los cristianos, y no solamente a algunos especialistas. La misión comporta varias puertas de entrada:
1er lugar: la familia; lugar de engendramiento de la fe y de aprendizaje del “arte de vivir” cristiano gracias al testimonio de los padres. La familia es al mismo tiempo sujeto y objeto de la nueva evangelización. “Dentro de una familia consciente de esta misión, todos los miembros de la misma evangelizan y son evangelizados” (Pablo VI –exhortación apostólica Evangelii nuntiandi n° 71). La familia es el primer lugar para la transmisión de la fe y de su encarnación.
2° lugar: La escuela católica se asocia tres verbos: evangelizar, enseñar y educar, en un mismo acto educativo y según el carácter propio del establecimiento. Para ello es necesario que este proyecto misionero sea llevado adelante por un “núcleo duro”, que imprima una orientación cristiana a la escuela y que constituya una “masa crítica” para llevar adelante el proyecto educativo. La escuela católica debe proponer una experiencia eclesial donde la comunidad cristiana es la matriz (incluso si la familia constituye la primera comunidad cristiana del niño, su Iglesia domestica). Esta experiencia eclesial se despliega en el anuncio de la fe (primera evangelización), la catequesis, la vida sacramental, el compromiso del servicio al prójimo. Supone la iniciación a la interioridad (la vida de oración supone la habilitación de tiempos y espacios de oración), el compartir fraterno alrededor de la Palabra de Dios, el aprendizaje de la fe (lo que significa ser cristiano).[i]
3er lugar: La parroquia. Históricamente, las parroquias han nacido de un proceso de crecimiento de la Iglesia. Desde el siglo IV, la expansión de la Iglesia ha llevado consigo una multiplicación y una transferencia de substancia de una “comunidad-madre” hacia las comunidades locales estructuradas alrededor de tres polaridades constitutivas: un área territorial, un pastor propio en estrecha dependencia del obispo, una comunidad organizada sacramentalmente. Cada parroquia viene a ser la realización local de la Iglesia diocesana. En su pequeñez territorial, la parroquia tiene vocación a la plenitud eclesial. El canon 515 del Código de Derecho Canónico nos invita a considerar la parroquia primeramente como una comunidad. Hoy no nos podemos contentar de una definición geográfica si no se crean las condiciones necesarias para la existencia de una verdadera comunidad teologal y confesante.
4° lugar: Las diversas realidades eclesiales, movimientos y comunidades. Por su flexibilidad y su creatividad estas distintas realidades constituyen una fuerza poderosa de revitalización del tejido eclesial. A lo largo de la historia, las realidades eclesiales han sido incubadoras, viveros de nuevas experiencias espirituales y misioneras, que han contribuido proféticamente a regenerar y a fecundar el cuerpo eclesial entero. Es conveniente acoger su presencia, acompañar su maduración y su desarrollo, regular su inserción en la vida de la Iglesia y de la sociedad (sin funcionar en paralelo), animar sus responsables y sus acciones para que se inscriban en profundidad en el tiempo dentro del paisaje eclesial. La aparición de nuevas realidades eclesiales depende del dinamismo del Espíritu Santo y se liberan de todo exclusivismo. ¡El Espíritu puede surgir fuera de los ámbitos que controlamos! “¡No erijáis vuestros propios planes pastorales bajo la norma de lo que está permitido al Espíritu Santo de operar!” (Benedicto XVI) ¡Una racionalización pastoral sistemática y planificada corre el riesgo de ahogar los aguijones pastorales que suscita el Espíritu Santo!
5° lugar: La diaconía de la Iglesia. La postura prioritaria de la iglesia con respecto a los más desfavorecidos y excluidos es la del servicio. El testimonio de la solidaridad evangelica nos hace pasar de une lógica distributiva, a la paridad del “vivir con” donde yo recibo tanto como doy. Como lo subrayaba Benedicto XVI en su primera encíclica, la caridad no es una consecuencia de la fe, sino que es inherente al acto de fe. La diaconía verifica su autenticidad. “La fe obra por medio del amor” (Ga 5,6).Por su manera de hacerse presente en las fracturas de nuestra sociedad y de testimoniar de la solidaridad, la Iglesia anuncia el Evangelio de la Vida y de la misericordia.
6° lugar: La piedad popular, los santuarios. Son lugares de evangelización de la religiosidad y lugares de acogida. Los monasterios así como otros lugares espirituales, ofrecen espacios de interioridad y de testimonio evangélico tal y como buscan nuestros contemporáneos. En un mundo secularizado y en una sociedad marcada por el “eclipse de Dios”, el testimonio de la vida consagrada y de los consejos evangélicos subraya que el fin del hombre no se reduce a este mundo.
7° lugar: Los medios de comunicación social. Internet es una red interactiva de información y de comunicación institucional para la Iglesia, sin embargo debe también ser abordado e investido como un lugar propio de evangelización. Espacio de sociabilidad, matriz de un nuevo lenguaje y de una nueva cultura, Internet debe permitir también el encuentro con el Evangelio.
8° lugar: El arte y la cultura. Mientras que las nuevas generaciones se desmarcan de la postura sapiencial y moral, el testimonio de la fe pasa por la creación artística y la mediación de nuevos lenguajes y símbolos.
9° lugar: Los espacios sociales. La evangelización del mundo del trabajo, del ocio, de las responsabilidades ciudadanas y de las asociaciones depende de la encarnación de la fe que apunta a la transformación de nuestro mundo. Rica de su doctrina social y “experta en humanidad”, la Iglesia aporta una contribución decisiva a la humanización de nuestro mundo.
3- Una visión misionera
Saber darse una “visión”, es definir (o recibir) un horizonte de pensamiento o de acción para nuestra misión de hoy.
“Cuando no hay visión profética, el pueblo queda sin freno” (Pr 29,18). Los conflictos y la confusión se instauran cuando las razones de estar juntos no han sido clarificadas y consolidadas.
La visión, no es la capacidad de presentir el avenir, sino de discernir los cambios que se operan en la sociedad y de tener en cuenta cada uno de ellos en el momento en que queremos desplegar la acción de la Iglesia.
“La nueva evangelización puede ser el fundamento de esta visión de la cual sentimos necesidad: la visión de una Iglesia evangelizadora. El objetivo es que esta visión eche raíces en nuestros corazones” (Lineamenta n° 24)
La pastoral de la Iglesia no puede continuar situándose en una perspectiva de “pastoral de mantenimiento y de sostenimiento” que, de hecho, marca el inicio del decrecimiento. La Iglesia está llamada a optar resolutamente por una visión de crecimiento, porque la Iglesia “engendra todos los días la Iglesia”, según la venturosa expresión de San Beda el Venerable.
En la carta a los Colosenses, Pablo asocia el crecimiento de la Iglesia a su fecundidad: “En el mundo entero, el Evangelio crece y da frutos…” El crecimiento es a la vez numérico y teologal. Mientras que a veces estamos preocupados de la débil cantidad de practicantes, el testimonio apostólico atestigua que el factor numérico es relativo a la consistencia espiritual y fraternal, a la calidad evangélica de la comunidad eclesial. No se trata tanto de hacer número que de ser signo.
La elaboración de la visión misionera pasa por la oración (inspiración e interiorización) y la meditación de la Palabra de Dios. Descansa también en el examen profundo del Magisterio de la Iglesia (relectura de Vaticano II y de los principales textos misioneros de Juan Pablo II y Benedicto XVI), y en el intercambio entre responsables pastorales, con el fin de solidarizarse alrededor de objetivos misioneros comunes y de mutualizar nuestros esfuerzos. La puesta en marcha supone un equipo unido, un proyecto operacional, una pedagogía, una organización de medios y de redes…
Esta visión debe ser:
- Integral, ya que toma en cuenta todos los factores analizados y todos los actores concernidos. Es una visión orgánica y holística.
- Abierta y pedagógica. La visión será a la vez acogedora para todos y disponible a los posibles enriquecimientos y actualizaciones. La conversión pastoral que se debe operar consistirá a veces en el abandono de ciertas opciones, de ciertos métodos, de ciertas formas de comunicación, que hoy día se han vuelto obsoletas.
- Prospectiva y dinámica. La visión de crecimiento se despliega en el tiempo. La toma en cuenta de la duración es inevitable en un proceso gradual. La puesta en marcha de esta visión requiere etapas, el franquear umbrales y niveles.
- Pragmática. Un objetivo claro permite definir lo que debemos hacer, lo que no sabemos hacer o lo que ya no podemos continuar a hacer. Se trata de hacer elecciones realistas, y al mismo tiempo consentir a ciertos duelos.
- Compartida y comunicada, la visión debe ser el objeto de apropiación de todos los actores. Será revisitada y legitimada por aquellos que deberán ponerla en marcha. Es necesario “reconquistar” regularmente la visión, para actuar de manera más coherente y por ello más eficaz.
4- El primado de la gracia
“Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los albañiles” (Sal 127,1)
4.1 [ii]La disponibilidad al Espíritu Santo.
“Las técnicas de evangelización son buenas, pero las mas perfeccionadas no sabrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no opera nada sin él. Sin él, la dialéctica más convincente es impotente sobre el espíritu de los hombres. Sin él, los esquemas sociológicos o psicológicos más elaborados, se revelan rápidamente desprovistos de valor” (Pablo VI, “Evangelii Nuntiandi” n° 75, 1975)
No es por azar que el gran punto de partida de la evangelización haya tenido lugar la mañana de Pentecostés, bajo el soplo del Espíritu. Podemos decir que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización.
La misión comienza en el Cenáculo con una experiencia pentecostal. Sin el Espíritu, que es el alma de todo apostolado, la evangelización se convierte en proselitismo, en propaganda o bien… en una campaña de promoción. Toda acción misionera comienza por la evangelización de sí mismo y de la comunidad cristiana.
“Cada misionero, lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad” (R.M. 90). La nueva evangelización será una nueva santificación por la radicalización de la relación personal con Cristo.
4.2 La liturgia y la vida eucarística.
En la audiencia general del 21 de junio del 2000, Juan Pablo II subrayaba con fuerza la dimensión misionera de la eucaristía: “La celebración del sacrificio eucarístico es el acto misionero más eficaz que la comunidad eclesial puede realizar en la historia del mundo.”
« Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera ». También nosotros podemos decir a nuestros hermanos con convicción: « Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos para que estéis unidos con nosotros » (1 Jn 1,3). (Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis n° 84)
La nueva evangelización deberá pues arraigarse en una verdadera renovación eucarística. Hay que velar a promover la catequesis eucarística, a respectar la dignidad de la celebración, iniciar al “ars celebrandi”, al cual son sensibles las nuevas generaciones, en búsqueda de sacralidad y de ritualización. Hoy día asistimos a una renovación de la adoracion eucarística. Benedicto XVI, decía a la Curia romana el 22 de diciembre del 2005: “Antes que cualquier actividad y que cualquier cambio del mundo, debe estar la adoración.”
4.3 La acogida de los nuevos carismas.
“No existe contraste o contraposición en la Iglesia entre la dimensión institucional y la dimensión carismática, de la que los movimientos son una expresión significativa. Ambas son igualmente esenciales para la constitución divina de la Iglesia fundada por Jesús, porque contribuyen a hacer presente el misterio de Cristo y su obra salvífica en el mundo.” (Juan Pablo II, mensaje a los participante en el congreso de movimientos eclesiales, 27 de mayo de 1998). Los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades responden a la búsqueda de afinidad, característica hoy en día de los creyentes o de los que recomienzan. Ellos mismos constituyen redes de identificación y de validación de la fe, de expresión fraterna más flexible, de itinerarios de fe que dejan de lado la subjetivización de creer, de nuevos métodos catequéticos y de compromiso, estructurados alrededor de la personalización de la fe.
Acoger la eclosión de estas nuevas realidades eclesiales en el seno de estructuras tradicionales reclama una verdadera disponibilidad espiritual y eclesial, una pedagogía pastoral para acompañarlos y animarlos a ocupar su parte en la revitalización del terreno eclesial.
5- Conversión pastoral
“La Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos.” (Paul VI, Evangelii Nuntiandi § 18). La finalidad de la evangelización consiste en la conversión de los hombres, es decir en la entrada en la novedad de Cristo. Esta conversión se realiza llevando la Buena Nueva a todos los ambientes humanos. Esta conversión debe comenzar al interior de la Iglesia, mediante cambios pastorales que deben operarse.
5.1 La conversión de las comunidades cristianas.
Los lineamenta del Sínodo, en el parágrafo 10 evocan esta verdadera conversión pastoral a operar. “Es tiempo que la Iglesia llame a las propias comunidades cristianas a una conversión pastoral, en sentido misionero, de sus acciones y de sus estructuras.” (Lineamenta § 10) Esta llamada se inscribe en la línea del discurso de Benedicto XVI en Aparecida en 2007 (Conferencia general del episcopado latino americano y del Caribe)
A lo largo de los años que han acompañado y seguido al Concilio, se ha desarrollado la pastoral del “ocultamiento”. Una valoración del “mundo” como lugar teológico.
Este acercamiento positivo del mundo tiene su verdad doctrinal y espiritual. Sin embargo ha mostrado rápidamente sus límites. Al querer acercarse demasiado al mundo, ciertos programas pastorales se han diluido en un humanismo horizontal. El ocultamiento se ha convertido a veces en la supresión. A veces hemos asistido a una “auto-secularización” (cardinal Ratzinger) de la Iglesia, a una reducción secular del mensaje de la fe. El Evangelio se ha vaciado de su fuerza provocadora. El anuncio del Evangelio de salvación ha sido sustituido por la promoción de los valores evangélicos.
El cristianismo debe reencontrar una postura crítica de testificación, a veces de disidencia y de contestación.
5.2 La conversión del “gobierno pastoral”.
La evangelización pretende la conversión de los hombres. Esta conversión atañe primeramente a aquellos que llevan consigo la misión de la Iglesia: los “leaders”. “La conversión de los pecadores es debida a la conversión de los pastores”. Esta conversión a la nueva evangelización es el fruto de un cambio interior. La conversión parte de una toma de conciencia de la actualidad y de la urgencia de poner en marcha un nuevo dispositivo de evangelización, de refundar nuestro actuar cristiano y nuestra acción pastoral y a entrar en una nueva inteligencia de la misión. Este cambio considerable de perspectiva puede también producirse por el contacto con otros modelos pastorales, por la acogida de nuevas realidades eclesiales, cuyos frutos auténticos son la invitación a vivir personalmente y comunitariamente una conversión pastoral.
El cambio pastoral, concierne en primer lugar a los obispos, a los sacerdotes, a los diáconos, a los laicos con responsabilidad. La conversión pastoral abarca varios aspectos: Primero la remotivación sobre la centralidad de la salvación en Jesucristo. La nueva evangelización llama a los responsables pastorales a un nuevo fervor misionero. Implica el vivir una autentica renovación interior. “Hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe.” (Benedicto XVI – Motu proprio Porta fidei n° 7) El acento debe ponerse también en la predicación kerigmática, en los itinerarios de iniciación cristiana para los que comienzan y para los que recomienzan, los nuevos métodos de evangelización, el examen profundo de la fe a partir de caminos de conversión o de reconversión, el redescubrimiento de los sacramentos (en particular de la eucaristía y del sacramento del perdón) y la experiencia de la misericordia divina. Los responsables deben animar las nuevas formas de colaboración con los laicos.
La conversión pastoral afectará también a la manera de ejercer las responsabilidades pastorales: el trabajo en equipo, la delegación de las tareas, la relectura, la gestión de conflictos y de resistencias pastorales, la comunicación del nuevo proyecto pastoral, sin desanimar a los más reticentes o a los escépticos. Se trata de incluir, de explicar, de hacer proposiciones, de programar, de intentar responsabilizar a los fieles apoyándose en sus disponibilidades y sus carismas. Este cambio pastoral necesitará un acompañamiento (coaching) en un proceso de mayéutica, de cuestionamiento para trabajar sobre nuestro comportamiento, hacerse las preguntas justas y aceptar los replanteamientos.
Gracias.
[i] « Las escuelas católicas son a la vez lugares de evangelización, de educación integral, de aculturación y de aprendizaje del dialogo entre jóvenes de religión y de medios sociales diferentes.”
[ii] « Para realizar una obra eficaz de evangelización, debemos volver, para inspirarnos, al primer modelo apostólico. Este modelo, fundador y paradigmático, lo contemplamos en el Cenáculo: los apóstoles están unidos a María y perseveran con ella en la espera del don del Espíritu. Es solamente por la efusión del Espíritu que comienza la obre de evangelización. Es necesario, pues, iniciar la evangelización invocando el Espíritu y buscándolo allí donde sopla (cf Jn 3,8). Ciertamente hay hoy en día, síntomas de este soplo del Espíritu Santo. (Juan Pablo II – Alocución pronunciada durante el VI simposio del Consejo de Conferencias episcopales de Europa)
martes 10 de enero de 2012
La definición de la nueva evangelización y los desafíos en su aplicación
Ofrecemos a los lectores del blog las conferencias de Monseñor Dominique Rey en el I Congreso de Nueva Evangelización, celebrado en Manresa (Barcelona) los días 7 y 8 de Enero.
Cada una de sus tres charlas la publicaremos en un post. En éste lo hacemos con la primera de ellas, titulada "La definición de la Nueva Evangelización y los desafíos en su aplicación".
Buenos días, gracias a los obispos que me han invitado y a cada uno de vosotros que estáis presentes. Estoy muy contento de estar aquí, un lugar donde ha vivido San Ignacio de Loyola, en este día en el que celebramos a un gran religioso catalán, San Raimundo de Peñafort y mañana celebraremos la fiesta del bautismo de Cristo. Una conjunción de fechas y lugares que coinciden en este encuentro.
Si he venido aquí es porque he sido invitado y por amistad con mis dos hermanos obispos, pero no lo he hecho para aportaros respuestas a una pregunta que es realmente compleja, sino para aportaros primero una experiencia, después mis convicciones y finalmente una relectura después de once años en el episcopado, en mi diócesis, que me han permitido desarrollar numerosas reflexiones y análisis sobre lo que se llama la “Nueva Evangelización”.
Muy rápidamente, mi propio itinerario, cuando yo lo veo ahora, ha sido una preparación para esta Nueva Evangelización. Yo trabajaba en el Ministerio de Finanzas en Francia. Era de origen cristiano, pero mi fe ha sido profundamente renovada cuando tenía 26-27 años por un reencuentro con el testimonio del Evangelio, con personas misioneras y esta experiencia de evangelización ha sido decisiva en mi reencuentro con Cristo y en mi camino interior con Él.
El segundo punto que ha sido muy importante en mi itinerario ha sido mi encuentro con las comunidades. Descubrí la comunidad Emmanuelle en Paris y con ella he vivido experiencias misioneras que para mí son muy proféticas y que me han enseñado mucho en mi ministerio sacerdotal y episcopal.
Me acuerdo de una pequeña historia, una primera experiencia de evangelización. Estaba en Paris, trabajaba en el Ministerio de Finanzas y un día me hablaron de un pequeño grupo de oración que se encontraba justo al lado de mi oficina. Ven a tal hora y podrás orar con algunas personas. Fui a este grupo y al salir, al final del grupo, el responsable dijo, bueno ahora vamos a pasar a la segunda parte de la tarde (¡vaya había una segunda parte!). Yo no sabía que este grupo era en realidad un grupo de oración y de evangelización. Estábamos evangelizando justo al pie del edificio donde yo trabajaba. Era una situación realmente embarazosa para mí. Recuerdo que llevaba una cartera y la puse delante de mi cara para evitar que me reconocieran.
Cuando fui ordenado sacerdote me enviaron a un barrio de París muy conocido por el turismo, el bario de Pigalle. Es un barrio donde hay mucho sexo, prostitución, drogas. Fui enviado para ver como poder llegar a esta población y yo debía desarrollar en particular un bar de evangelización que se llama “El bistro del cura”. Esta taberna se encuentra entre tiendas de lencería fina y sexhops. Fue para mi una experiencia muy interesante. La manera en la que la Iglesia podía llegar a sectores de población muy alejados de la fe. Teníamos 150 voluntarios y varios trabajadores para desarrollar estas iniciativas en este barrio.
Finalmente el año 2000 fui nombrado obispo por el Papa Juan Pablo II, en el Año del Jubileo. He descubierto que la misión profunda de un obispo es ayudar a los cristianos, a las comunidades, a los sacerdotes, a los laicos, para que lleguen a ser auténticos misioneros.
Cuando se habla de Nueva Evangelización, hay que hablar primero de Evangelización. Hay tres razones que nos invitan a evangelizar. El primer motivo de evangelización es Cristo, es nuestra relación con Cristo, que nos invita a escuchar su Palabra y escuchando su Palabra ir a todas las naciones haciendo discípulos. No hay evangelización que no se origine, que no surja de una relación muy fuerte, esencial, decisiva, con la persona de Jesucristo. El evangelizador es un hombre o una mujer que están aquí por el amor de Cristo. La experiencia que él vive con Cristo le pone en una postura de anuncio, de testimonio.
Por lo tanto, la primera razón de evangelizar es el encuentro con Cristo. Cuando llegué a mi diócesis un sacerdote me dijo “en esta diócesis hay muchos católicos, pero pocos cristianos”, es decir pocas personas que han tenido una experiencia personal o que viven una experiencia personal con Cristo. Muchos católicos sociológicos, pero pocos católicos que han tomado partido por Cristo. Es lo que el Papa Juan Pablo II llamaba “hay que volver a Cristo”.
La segunda razón por la que uno se hace evangelizador es nuestra unión con en la Iglesia. En la Evangelii Nuntiandi, el Papa Pablo VI, después del Sínodo sobre la Evangelización, dice de una manera discreta, pero muy significativa, que la Iglesia ha sido hecha para evangelizar, la razón de ser de la Iglesia es la evangelización. Por lo tanto hay que salir de la tentación de ser cristianos entre nosotros, de una manera de guetorización.
La Iglesia es dada como signo de salvación en la espera de los que no están aún en su seno, en ella.
La tercera razón de la evangelización es el mundo. Santo Domingo rezaba para que los pecadores se convirtieran. Cuando evangelizamos miramos el mundo, a los hombres y mujeres. Todo hombre y toda mujer están hechos para Cristo, para encontrar a Jesucristo. Viendo los dramas, las dificultades, las tragedias, de los hombres y mujeres que conocemos y que no han tenido una experiencia de salvación en Cristo, nosotros somos invitados a ser testigos del Evangelio.
Estas tres razones son fundadoras del proceso misionero: Cristo, la Iglesia y el mundo.
El Papa Juan Pablo II, es el primero que ha utilizado, ha inventado, la expresión Nueva Evangelización.
En Novo Millennio Ineunte en el n° 40, evocaba el paso a un nuevo paradigma. Nos encontramos en una era post- constantiniana, donde la Iglesia ya no es la postura englobante de la sociedad.
“Ha pasado ya, incluso en los Países de antigua evangelización, la situación de una « sociedad cristiana », la cual, aún con las múltiples debilidades humanas, se basaba explícitamente en los valores evangélicos. Hoy se ha de afrontar con valentía una situación que cada vez es más variada y comprometida, en el contexto de la globalización y de la nueva y cambiante situación de pueblos y culturas que la caracteriza. He repetido muchas veces en estos años la « llamada » a la nueva evangelización. La reitero ahora, sobre todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés.”
Más de 300 veces, Juan Pablo II retoma la expresión “nueva evangelización”. Se trata de repartir de Cristo con “un nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones” (Juan Pablo II, discurso a la 19eme Asamblea del CELAM).
El adjetivo “nuevo” no significa la denuncia del pasado, o la renuncia de la misión practicada hasta hoy. Se trata de una recalificación de nuestras prácticas pastorales, volviendo a la fuente del Evangelio y de la misión de la Iglesia.
El objetivo de la evangelización es de permitir a cada hombre de entrar en contacto con Cristo y de hacer la Iglesia todavía más apta para transmitir de manera persuasiva y comprensiva el Evangelio de salvación. Pero esta misión coextensiva a la vida de la Iglesia será “«nueva» no en los contenidos, sino en el impulso interior, abierto a la gracia del Espíritu Santo, que constituye la fuerza de la ley nueva del Evangelio y que renueva siempre a la Iglesia; «nueva» en la búsqueda de modalidades que correspondan a la fuerza del Espíritu Santo y sean adecuadas a los tiempos y a las situaciones; «nueva» porque es necesaria incluso en países que ya han recibido el anuncio del Evangelio.” (Benedicto XVI, homilía en la solemnidad de los Santos apóstoles Pedro y Pablo, el 28 de junio 2010)
Un doble desafío justifica la nueva evangelización. Un desafío “externo”: la urgencia de un nuevo anuncio de la fe, en un contexto de secularismo, de relativismo y de pérdida de memoria cristiana. Un desafío interno: la exigencia para la Iglesia de encontrar sin cese su identidad y su estructura misionera.
A – Los obstáculos internos a la nueva evangelización.
1- Una sospecha sobre el principio de la nueva evangelización
Se reduce a veces el concepto de nueva evangelización a un eslogan pastoral o a un catálogo de acciones a emprender. Los Lineamenta que prepara el Sínodo sobre la nueva evangelización declaran la existencia de una sospecha vis a vis del término “nueva evangelización”. En primer lugar, esta expresión escondería una desaprobación de lo que se ha hecho hasta ahora. Se haría tabla rasa de la herencia y de los frutos misioneros que han marcado el testimonio de la Iglesia a lo largo del siglo XX.
Además, la palabra “nueva evangelización” cubriría una voluntad implícita de proselitismo de la parte de la Iglesia, comprometiendo las experiencias de Vaticano II, en particular sobre la relación de la Iglesia en el mundo y sobre el dialogo interreligioso. La Iglesia evolucionaría sensiblemente hacia un repliegue de identidad, y un espirito de cruzada frente a una sociedad que ella diabolizaría.
¿Así pues, la Iglesia debería dejar de lado su compromiso misionero, el cual forma parte de su identidad?
2- El inmovilismo
Es más fácil de mantener el “sistema actual”, de hacer “girar la maquina”, de perpetuar el pasado, que de cuestionar el dispositivo pastoral y de refundar el proyecto misionero. Se buscará la justificación del statu quo. “Siempre se ha hecho así. ¿Porqué no podemos continuar a hacer lo que sabemos hacer?”. O bien, “ya hemos hecho eso”, como si se hubiese realizado ya el recorrido de las nuevas proposiciones pastorales locales. Por otra parte, “vuestra zona es especial”. La situación pastoral local es percibida de manera tan específica que los aportes exteriores son de entrada descalificados. Se buscará entonces el ser autosuficientes, excluyendo toda contribución crítica y exógena.
Esta esclerosis es reforzada por la rutina, por el peso de los hábitos de funcionamiento heredados del pasado, por el temor a perder las referencias o de ser incompetente. A estos movimientos reflejos de protección o de defensa, se añade la dificultad de considerar una pastoral que supera la gestión de mantenimiento.
3- La secularización
Frente a la erosión de los modos de vida cristiana, la vida de los bautizados y de las comunidades cristianas aparece como una provocación al mimetismo creado por los mass-media. La tentación sería de sustraerse a la emergencia que lleva consigo esta postura de contestación, conformándose al modo de vida de nuestros contemporáneos.
La secularización actúa también en el interior de la Iglesia que busca, para aproximarse a la sociedad, ofrecerse al mundo mediante una lectura sesgada de Gaudium et Spes. Esta rendición aniquila cualquier posibilidad de enfoque misionero. Tanto se quiere “adherir” a las expectativas de la sociedad, que nos adecuamos a su cultura. A la diferencia de la empresa que se deja guiar por la ley del mercado, la Iglesia, permaneciendo atenta a las aspiraciones de las personas, no debe jamás abdicar de su razón de ser, que es de conducir a Cristo. El “cristianismo light” y consensual es un cristianismo que reniega “lo abrupto de la fe” (Guy Coq). Precisamente la evangelización recuerda la exigencia de asumir la ruptura evangélica y de no evacuar jamás la teología o la proposición de salvación en Jesucristo.
4- El funcionalismo
Nuestra sociedad obedece a la lógica de mercado y de consumo. Y esta lógica se exporta al interior de la vida eclesial. Al igual que se consume el espectáculo, las diversiones, el deporte… se quiere que la Iglesia asegure prestaciones de servicio cultuales y sacramentales (¡si es posible sin tarifas!). ¡La Iglesia se convertiría en un supermercado religioso! ¿Estamos dando a los cristianos tareas a realizar o bien les ofrecemos la posibilidad de crecer? ¿Proponemos prestaciones o bien un proyecto misionero comprometido?
El funcionalismo conserva la canalización, pero ha olvidado el dinamismo y el primer ardor. El funcionalismo conduce a la burocracia y a la funcionalización del clero. Se cierra con candado la acción pastoral al interior de esquemas apremiantes que no dejan lugar a la intrusión sorprendente del Espíritu Santo que siempre perturba nuestras habitudes y nuestras maneras de hacer. El funcionalismo olvida el primado de la gracia. “Detrás de las estructuras, ¿hay una fuerza espiritual correspondiente, la fuerza de la fe en el Dios vivo? Debemos decir sinceramente que hay un desfase entre las estructuras y el Espíritu.” (Benedicto XVI – Discurso al Comité central de los católicos alemanes – 24/9/2011)
5- El activismo
En un contexto de búsqueda de eficacia y de rentabilidad, e igualmente en un contexto de crisis… rápidamente podemos ser ganados por la fobia del activismo.
El mundo contemporáneo está tan fascinado por el activismo que ha perdido el sentido de la contemplación. El activismo conduce a la búsqueda del éxito y de la valoración de sí mismo contabilizando los resultados de sus empresas misioneras. Constatamos que ciertas comunidades son esencialmente dirigidas por la sucesión de eventos y por las “producciones” de obras pastorales de apostolado.
El activismo desvía la evangelización hacia la multiplicación de actividades, olvidando que es el Espíritu Santo el primer protagonista de nuestro apostolado. La evangelización descansa en la oración y en la iniciativa primera de Dios.
6- El individualismo
La atomización de los modos de vida consuena con la mundialización de los intercambios. La movilidad de las personas, la inestabilidad de las configuraciones familiares, la mezcla de poblaciones, el consumismo que favorece el narcisismo hacen que el individuo sea su propia norma y busque el autoconstruirse. Este individualismo se introduce igualmente al interior de la vida eclesial. Ello conduce a la privatización del proceso creyente y a la subjetivización de la fe.
En una cultura del cada cual para sí mismo, el misionero estará tentado de avanzar por su propia cuenta, apoyándose en sus competencias. Así, ciertos grupos o ciertas comunidades están animados por personalidades que movilizan a los cristianos por su solo carisma. La personalización excesiva atenta contra el testimonio comunitario hacia el cual se debe tender. En efecto, la evangelización es una obra comunitaria. El testimonio misionero descansa sobre la caridad fraterna. Es la Iglesia quien evangeliza.
7- El clericalismo
Es la tentación del poder y del control sobre las personas, sobre la comunidad, sobre la pastoral. El ministro de la Iglesia se sitúa por encima de aquellos a quienes debería servir. “El sacerdote quiere trabajar por nosotros, sin nosotros” decía un laico.
El clericalismo puede nacer rápidamente en la vida del sacerdote. Y la vida será dura. El sacerdote se presenta con la estatura de alguien que da órdenes, de director de orquesta suficiente. Reivindica el poder sagrado del cual el Señor lo ha investido, y todo ello bajo fondo de desestima de las competencias y de los carismas de los fieles laicos, de su dignidad bautismal, de su habilitación para la misión.
El clericalismo puede también acechar a los fieles laicos, si conciben su misión dentro de una lógica de poder, de reivindicación, de confiscación. El clericalismo laical es una consecuencia de la focalización del laico sobre su compromiso intra-eclesial (para paliar la falta de sacerdotes) desplazándolo de su vocación especifica que es de estar insertado en la vida del mundo para impregnarlo del Evangelio.
Una de las consecuencias negativas del clericalismo es de relegar la nueva evangelización fuera de la pastoral ordinaria de la Iglesia y de su estructura apostólica. Las iniciativas misioneras surgidas fuera de la institución eclesial, a excepción de permanecer de forma lateral y marginal, necesitan inscribirse en el corazón de la vida pastoral para hacerla revivir desde el interior, esto supone la acogida generosa, un discernimiento, un acompañamiento y la capacidad de poner en tela de juicio ciertas prioridades y ciertos funcionamientos pastorales. Por temor o por ideología, el clericalismo preferirá prodigar cuidados paliativos a la comunidad que declina, antes que abrirse a aportes exteriores.
8- El escepticismo
Un cierto nombre de cristianos (sacerdotes, laicos) están desanimados, cansados. Sobrecargados, no ven la llegada del relevo. Se consideran como “los últimos Mohicanos”. Se encuentran confrontados a nuevas generaciones que apenas adhieren al mensaje por el cual ellos han dado su vida. Están a menudo en desfase cultural con ellas, tanto en el plano del lenguaje como en el de costumbres y comportamientos. No tienen la llave de comprensión de esta evolución. Ellos estuvieron formados durante el periodo de la cristiandad, y heles aquí situados frente al desafio de una nueva evangelización, es decir, frente al relativismo moral, al pluralismo religioso, a la secularización y a la incultura religiosa.
Las presiones mediáticas actuales hacen pesar igualmente sobre la Iglesia, los sacerdotes, los cristianos, ciertas sospechas. Se proyecta sobre ellos las imágenes negativas de la Iglesia.
Uno de los obstáculos del despertar misionero es la falta de esperanza y por lo tanto de entusiasmo espiritual. Hay una fijación sobre los fracasos, las resistencias del terreno, los signos negativos enviados por la sociedad, el sentimiento de impotencia en cuanto a las transformaciones del mundo, olvidando discernir las expectativas espirituales de nuestro tiempo y la emergencia de nuevas generaciones de testigos.
“El cristiano habita nuestro mundo, viniendo a él a partir de su futuro” decía Pablo VI.
9- Aislacionismo
Una de las manifestaciones de la crisis de identidad de la Iglesia es el aislacionismo. El miedo al mundo conduce a la cultura de gueto, a la inhibición y a veces a la fijación sobre un pasado idealizado, desconfiando de la alteridad y retractándose sobre sí mismo. Decir que “la Iglesia existe para evangelizar” (Evangelii Nuntiandi), es subrayar que la transmisión de la fe (que es un acto comunitario y eclesial, y no un acto solitario), no es primeramente una búsqueda de estrategia eficaz de comunicación o un estudio de mercado, una cuestión extrínseca a la Iglesia. Bien al contrario, la evangelización es una cuestión propia de la Iglesia. La evangelización pone en cuestión toda la Iglesia en relación a su esencia, a su naturaleza. La cuestión misionera es ante todo una cuestión eclesiológica. “La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza” (Ad gentes-2- Decreto sobre la actividad misionera)
El debilitamiento del dinamismo evangelizador significa una crisis de la identidad cristiana, la dificultad de interiorizar el don de Dios, de percibirlo y de vivirlo fervorosamente. San Pablo lo expresa cuando habla de la evangelización como una “necesidad que le incumbe”, y que le lleva a exclamar: “¡Ay de mí si no evangelizo!” Esta necesidad esta en relación a la naturaleza misma del don recibido, del mismo Espíritu Santo, y a la manera en que está llamado a difundirse y a fructificar. Como lo escribe Juan Pablo II, “la misión deriva no solamente del precepto formal del Señor, sino también de la exigencia profunda de la vida de Dios en nosotros.” La misión emana de nuestra consagración bautismal. La evangelización es un signo de madurez teologal.
10- Autismo
La evangelización se “debe” a Dios, pero concierne a la obra de Dios con el hombre al que El quiere salvar. Así pues, es necesario decir que la evangelización se “debe” al hombre. La evangelización es una de las expresiones de la caridad.
Los papas no temen afirmar que “las multitudes tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo.” (Redemptoris Missio n° 8)
Algunos están tentados de abstenerse de anunciar a Cristo porque creen mostrarse así más respetuosos con los valores humanos y espirituales ya presentes en las culturas y religiones del mundo. En realidad, mostrarse respetuoso de un valor, es permitirle su cumplimiento definitivo, y esto es lo que ocurre cuando este es evangelizado. Al contrario, privarlas de este cumplimiento callando el Evangelio es despreciar a las personas que son depositarias de este valor.
Otros cristianos no consiguen aproximarse de las personas, allí donde se encuentran. Se hallan social y culturalmente desfasados o desplazados, y tienen un juicio moralmente negativo sobre las nuevas generaciones. No podemos pedir a las personas que están lejos de la Iglesia que se comporten como si fuesen cristianos, hasta que ellas mismas lo lleguen a ser. Jesús nos ama gratuitamente antes que nosotros cambiemos, y con el fin de que cambiemos.
Es un acto de caridad, amar a las personas como son, allí donde están y allí donde cambian.
Acabo así la primera parte.
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